No son cuantos, sino quienes?

Esta frase del título la escuché decir en una convención de Liderazgo Juvenil y revolucionó mi manera de pensar, pero no la entendí hasta que tuve una experiencia personal.

Hace unos años en Copados por Jesús (aclaro para aquellas personas que no pertenecen a mi generación que copado es un término utilizado a fines de la década del   90,  por adolescentes que designaba que “algo estaba muy bueno”, “que te atrapaba”, “que atraía”) Ministerio juvenil fundado a principios del 2000.
Este Ministerio realizaba un tour de campamentos juveniles llamados METAMORFOSIS, en ocho provincias de Argentina y dos de Paraguay,  para acercar a los jóvenes a Jesús.

Hasta ese momento todo venía como estaba previsto, de acuerdo a nuestros planes, nos esperaban cientos de jóvenes. Sin embargo, en una de las provincias asignadas llegamos al lugar con el equipo de organización, más temprano de lo habitual. Nos reunimos con los anfitriones, preparamos el lugar; y cuando llegó la hora de recibir a los buses que traerían a los acampantes, para mi sorpresa, sólo llegó uno, y ni siquiera estaba completo, eran pocos.
Me sentí decepcionado inmediatamente, tenía miles de preguntas a los anfitriones, pero me contuve. Realizamos la bienvenida con todo, el programa se desarrolló como estaba planeado.

Los acampantes estaban felices (se sentía la presencia de Dios, los presentes adoraban,  cantaban) repito, todos estaban felices, pero yo no.
Así que realicé una reunión de staff inmediata, y antes de exponer mi descontento por la poca asistencia le pedí a una de las chicas del grupo que viajaba a todas las ciudades con nosotros, que orara. Ella comenzó a decir:
“… Gracias Dios… Gracias por hacer que vengan pocos chicos al campamento. Siempre decimos que queremos invertir significativamente en sus vidas, pero son tantos que sólo podemos hacerlo grupalmente y no de manera individual. Gracias Señor por darnos esta oportunidad de poder trabajar de manera personalizada con cada uno. Guíanos en esta charla de staff. Amén.”

Inevitablemente mis ojos se llenaron de lágrimas y ese día aprendí que Dios no me va a pedir  cuenta por cuántos sino por quienes. Por los que en este momento me dio para cuidar, acompañar y desafiar a vivir una vida de la mano de Jesús cumpliendo la asignación de ser luz y sal al lugar donde Dios los lleve.
Tenemos un “MONSTRUO” que nos persigue a donde quiera que vayamos y es la pregunta ¿Cuántos? Pareciera que si no tenemos un liderazgo multitudinario no sirve lo que hacemos. Si en el campamento, retiro o actividad que realizamos no tiene multitudes no nos va bien.

Está claro que Dios desea que nadie se pierda, también es cierto que cuántos más podamos alcanzar ayudaría a generar un cambio en una generación que impacte en la sociedad. Pero cuando ponemos nuestras mirada en lo que no tenemos y miramos lo que nos falta dejamos de enfocarnos en lo que Dios nos legó y nos permite influenciar. Vienen a mi mente las palabras de Jesús: “Si en lo poco me sos fiel, sobre mucho te pondré”. Preciosas palabras que nos animan a serle fiel a Dios con lo que hoy nos permite tener.

Pregúntate:

¿Quiénes son los que hoy Dios te permite pastorear? ¿Conoces sus nombres? ¿Conoces sus problemáticas? ¿Conoces sus situaciones familiares? ¿Conoces sus miedos? ¿Conoces sus frustraciones? ¿Conoces sus tentaciones? ¿Conoces sus luchas?

¿Cómo los estás acompañando en su peregrinaje espiritual?
¿Cuáles son los planes de acción que implementaste para ayudarlos?

Hoy, a la distancia,  le digo a Dios “Gracias por el privilegio que me das de pastorear. Ayúdame a ser fiel a tu llamado sabiendo que no me vas a pedir cuentas por lo que no me diste, sino por lo que en tú misericordia, me permites acompañar en esta etapa de su vida”.