Imposible… Solo si Dios no esta

Escribe claramente la visión en tablillas para que quien la lea corra a contársela a los demás.” Habacuc 2:4.

¿Cuando tengas un sueño, escríbelo. Porque los sueños son el pulmón de un soñador.
Cuando tengas un sueño cree. Porque la fe es el lenguaje de Dios.
Cuando tengas un sueño, comienza a hacer algo. Mira que tienes  en tus manos y lánzate.
El otro día conversando con una niña me impactó su respuesta al preguntarle: – ¿Qué tenés en tus manos? Y ella,  mirando sus manos me respondió: – Dedos. Para mí, sus manos estaban vacías, no tenía nada, su respuesta fue increíble, donde yo no vi nada, ella vio dedos.

¿Cómo sé que los sueños son míos o son de Dios?

Porque los míos con esfuerzo los puedo realizar, y los de Dios para todo el mundo son imposibles, imposibles si Dios no está.

Cuando Dios pone un sueño,
cuando Dios pone una visión en vos,
comenzá a caminar en fe
obedecé a Dios.

Caminar en fe es caminar sin ver. Fe es salir sin tener en claro el camino pero sí el destino final.
Hacé aquí y ahora con lo que tengas a mano, lo que Dios te dice, obedeciendo; eso es dejar las cosas en las manos de Dios porque el resultado lo da Dios.
Hace unos años atrás mi esposa tuvo la visión de que tendríamos una casa. Hasta ese entonces hacía varios años que alquilábamos o vivíamos en diferentes lugares que nos prestaban para vivir.
Pero un día, recuerdo que me sentó  en la cama y me dijo: “- ¿Cómo te gustaría que fuera nuestra casa?”. Y así comenzamos a soñar.  Luego me dijo: “- Vamos a diseñarla, a escribir como queremos que sea.”
Así que comenzamos a diseñar los planos como si fuera que ese mismo día comenzarían a construirla. Al finalizar guardamos el papel, los meses pasaban y de cuando  en cuando sacábamos el supuesto bosquejo del papel que de a poco se iba poniendo cada vez más amarillo y volvíamos a revivir el sueño con fe. Ella tuvo una visión y comenzó a caminar en ella. Y cada vez que nos preguntaban si teníamos casa, ella decía:
-Estamos en proyecto.
Cuando escribes la visión y te pones a hacer con lo que tienes a mano, se activa el proceso. A nadie le gustan los procesos, nadie los quiere, pero son necesarios. Todo lo que viene de Dios, todo lo de Dios; tiene procesos. Los nueve meses de gestación, el crecimiento de un árbol para terminar dando sombra y fruto.

El proceso puede durar tres años como ocurrió con el ministerio de Jesús, o cuarenta años para iniciarse como ocurrió con Moisés.

Dios no adelanta los tiempos, Dios no está apurado en la concreción de los sueños. Proceso es lo que nos prepara, nos forma, nos alista, y si hacemos lo correcto, concretamos.
La vida cristiana es caminar paso a paso, etapa por etapa. El orden es uno, dos, tres, cuatro, cinco. No tres, cinco, uno, cuatro, dos. Sé el mejor, hasta que salgas aprobado. Sé el mejor y camina paso a paso. Fe es camino, porque el mañana está en las manos de Dios.
Fe es permanecer a la sombra del omnipotente, sabiendo que no es invento tuyo, que Dios está con vos, que podés cobijarte bajo sus alas y estar seguro.

“El gozo del soñador no está en el cumplimiento del sueño sino que el agradar al que le dio el sueño, es su gozo.” El secreto de la fe no está en ser,  sino en permanecer al abrigo del Altísimo, descansando en él, renovando nuestras fuerzas para caminar.

Tal vez con algunos sueños te pase como a José, el hombre indicado por Dios para criar a Jesús, el Mesías. Él entendió y obedeció de inmediato. O  quizás como a otro José, el hijo de Jacob, que se encuentra en el libro de Génesis. Quien tuvo un sueño, y no lo entendió en su momento, sin embargo su amor a Dios y su integridad lo llevaron al cumplimiento de ese sueño a pesar de los malos momentos que vivió durante el proceso.

Dios cumple sus promesas, Dios cumple sueños.  Puede ser que te hayas acostumbrado a estas frases y no te causa mucho impacto. Sin embargo, son verdad. Cuando el pastor William Hildreth oró por mí apartándome para el ministerio, me dijo que recorrería países ministrando a la juventud. En aquel momento yo era simplemente un inconstante adolescente. Hoy, estoy escribiendo este capítulo en un aeropuerto a miles de kilómetros de mi casa.

Sueña, escribe, mira lo que tienes a mano, comienza; aliméntate del sueño, deja a Dios obrar y concreta los sueños de Dios,  pero ¡Cuidado! “Los soñadores nunca llegan, porque nunca dejan de esforzarse, nunca dejan de concretar. Los soñadores nunca llegan, porque nunca dejan de soñar.”

 

Preguntate:

¿Estás cumpliendo los sueños de Dios para tu vida?

¿Estás dejando a Dios cumplir sus sueños en tu vida?